Economía

La base económica de la antigua población lanzaroteña estaba representada por las actividades agrícolas y ganaderas, complementadas con labores de recolección de especies vegetales silvestres, pesca y marisqueo, y quizá, alguna forma de caza menor, como captura de lagartos, aves e incluso insectos. Constituyen prácticas económicas comunes a las primitivas culturas canarias, que en Lanzarote, por sus singularidades ecológicas, ofrecen peculiaridades que la distinguen del resto del Archipiélago. Nada sabemos sobre la organización de la producción, la división del trabajo, las formas de propiedad y tenencia de tierras y ganados ni del conjunto de factores que conformaban el sistema productivo aborigen en Lanzarote. Las fuentes escritas suministran  una  información  mínima  que,  mediante  los paralelismos con otras islas, permiten obtener pocas conclusiones.

La familia es el eje en torno al que se articulan las diversas actividades económicas y la organización social. El tipo de agrupación doméstica predominante en la sociedad lanzaroteña, igual que en otras islas, debió ser la familia extensa, que reúne a los hermanos carnales de uno u otro sexo, sus correspondientes cónyuges, los hijos solteros, y probablemente algunos de estos que hubiesen contraído matrimonio. Las unidades familiares amplias proporcionan un contingente superior de mano de obra y pueden afrontar simultáneamente las distintas tareas de subsistencia. R. González Antón y A. Tejera (1981:64-65) sostienen que el propio carácter diversificado de la economía aborigen —pastoreo, agricultura, recolección, marisqueo, cuidado de los niños, etc— exige grupos domésticos de estas dimensiones. El factor diferencial que representa en el mundo preeuropeo lanzaroteño el sistema matrimonial poliándrico podría interpretarse, asimismo, como una fórmula de concentración de mano de obra, tal y como se verá más adelante. Los grupos familiares no suelen ser autosuficientes, aunque generan la mayor parte de los productos que consumen, recurriendo en ocasiones al trueque. Desconocemos si en esta isla existió una circulación económica entre los distintos núcleos de poblamiento, en función de las riquezas de la zona en que se hallaban ubicados. Este fenómeno resulta difícil de desentrañar, incluso con una rica información arqueológica.

Dentro del esquema de funcionamiento de la economía familiar en estas sociedades tribales, podemos distinguir una división del trabajo por sexos y otra en función de la edad. Tradicional mente, en estas culturas en las que el pastoreo se compagina con la agricultura, las funciones de los varones y de las mujeres aparecen claramente separadas. Las responsabilidades del cuidado de los hijos sólo son compatibles con actividades que no requieran ausencias prolongadas del hogar y con un trabajo sin riesgo, realizable en su presencia. En Lanzarote, las tareas agrícolas serían asignadas a las mujeres del grupo, junto a las labores hogareñas y la fabricación de la cerámica. Los trabajos relacionados con el cuidado del ganado, el ordeño y demás prácticas pastoriles serian responsabilidad de los varones, así como la pesca. Las tareas de recolección estarían compartidas.

Sin embargo, las vicisitudes vividas por la población de la isla en los años previos a la conquista habrían alterado este modelo característico de las sociedades agropastoríles. La debilidad demográfica del territorio insular y el escaso número de mujeres, que podría ser una peculiaridad estructural de esta sociedad por la práctica del infanticidio femenino, convertirían a los varones en protagonistas de la mayor parte de las actividades económicas, reservándose el sexo opuesto el conjunto de tareas domésticas y la colaboración en los cultivos y el ordeño.

Igualmente, podemos señalar una división de! trabajo en función de la edad. Los niños y adolescentes se encargarían de la guarda de los rebaños, recibiendo un aprendizaje progresivo y completo de las múltiples labores relacionadas con el pastoreo y adquiriendo los conocimientos necesarios sobre el rebaño, los cuidados que exige, pastos, etc. Este trabajo infantil aparece reflejado en la crónica «Le Canarien»:

(…) ocurrió que los niños que guardaban el ganado (…)
(Le Canarien, 1959:270)

El resto de los varones adultos participarían en la búsqueda de pastizales, conducción de manadas, ordeño y en las actividades complementarias. El jefe de la familia extensa se ocuparía de las tareas de gestión de la economía doméstica y no suele acompañar a los rebaños en su paseo diario.

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