Los Vinos

Indudablemente hay que brindar por el ingenio de los lanzaroteños que han proyectado un extraño sistema para producir vinos magníficos. Las cepas están plantadas en agujeros en forma de conos excavados en la ceniza volcánica de la isla. Estos agujeros se rellenan luego de picón, (la ceniza volcánica), y asombrosamente las vides crecen y florecen.

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Los propietarios de las viñas abren tantos hoyos en la tierra, algunos de tres metros de ancho, como se lo permita el terreno. Luego escavan un agujero más pequeño en el vértice del cono para las raices de una sola cepa. Cuando la planta tiene el suficiente espacio para crecer, los campesinos cubren entonces las raices con tierra y esparcen picón alrededor de la planta. Toda la superficie del cono se cubre con picón que retiene el rocío de la mañana y mantiene esponjosa la textura de la tierra.

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Una capa de picón de varios centímetros de grosor es suficiente para mantener la cepa provista de humedad durante varios años. Para hacer posible que cada cepa produzca abundantemente, cada hoyo debe de estar cercado en su parte septentrional, por un muro semicircular de piedra volcánica. La pared protege la planta de los vientos dominantes de la isla pero también permite al viento pasar entre sus pequeños agujeros y ranuras para ventilar las cepas.

Las extraordinarias paredes de piedra volcnica de la principal zona donde se cultivan las vides, La Geria, han sido elogiadas en todo el mundo. El vino de la isla, como sus uvas, posee un sabor característico, aromático, embriagador y delicioso, con un sabor resinoso, casi como el del pino. Se puede decir que la vid de Lanzarote es ” original” en el sentido de que nunca ha sido afectada por filoxera, plaga que devastó los viñedos de Europa hace unos años.

También ha evitado todo tipo de “injerto” a diferencia de los vinos europeos y ha producido regularmente uvas de extrema calidad como Malvasía, Moscatel y Diego. Para una buena cata, el semiseco es una buena introducción al “bouquet” de Lanzarote. Los locales dicen que se sirven mejor a temperatura ambiental que fríos ya que la refrigeración elimina mucho de sus propiedades aromáticas. Para un sabor más marcado pruebe el seco que es particularmente bueno. Pero según los expertos, el vino dulce de la zona volcánica es el verdadero “nectar de los dioses”.

Desde la época medieval, las cortes europeas han estado bebiendo vino canario en grandes cantidades. Shakespeare parece que era un gran admirador del vino y existen referencias en las obras de Enrique IV, Parte I y II y en “Las alegres comadres de Windsor” donde Falstaff, el simpático barbudo libador se calificaba como “entregado a la fornicación, a las tabernas, al vino canario y al viento”.

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